martes, 3 de diciembre de 2013

Capitulo 90 (FINAL)

Mía, mi dulce Mía, mi flor del amanecer, mi primer amor. Eres mía y siempre lo serás, desde Liverpool hasta Hamburgo, desde Hamburgo hasta el fin del mundo. Te amare por siempre y tú me amaras también. Entre tristezas  y felicidad, entre rechazos y compromisos.

¿Qué fue de mi después de demostrarle mis sentimientos apenas claros?, en esa habitación oscura llena de sollozos. Ella solo me miro como cordero recién nacido en busca de su madre y lloro más fuerte, con más dolor y culpa. Tenía fama, dinero y podía tener a quien quisiera en mi cama o corazón, pero esa chica que había abrazado tan fuertemente, ya era dueña de esas dos cosas, se las había robado en mi adolescencia y en la adultez se negaba a devolvérmelas con fervor y malicia. En esos días de los años sesenta, los matrimonios si existían eran de fachada y los noviazgos de primer amor de verano, solo eran de verano, quedándose allí, como un recuerdo ausente que se negaba a huir pero que siempre había desaparecido y muerto. Entonces mi matrimonio con Mía, era extraño, era igualmente de fachada, las infidelidades eran igual de regulares que los besos de buenos días y la comida en la alacena igual de regular que la marihuana en nuestros cajones. Nuestra generación se había liberado por dos, nacer entre bombardeos nazis fue algo que nos quedo y nos hizo tener una juventud parecida a una bomba, como  las que caían entre nuestro primer llanto. Aun intento descifrar porque le pedí matrimonio en primer lugar, no sé si fue porque Isabelle necesitaba un padre, porque la prensa siempre estaba encima de nosotros o porque Jane había muerto y no quería estar solo. Probablemente las tres anteriores son la razón, tres convertida en una que me atormento por un año y medio y que nunca aclare, porque no valía la pena, porque ya todo estaba hecho y arruinado.

El final de las giras, el final de las orgias con rubias de 17 años y de las fiestas en suites americanas de hotel, nos marcaban un nuevo comienzo, que era más un reto que cualquier otra cosa, que era más fuerte que en un mal viaje en LSD y mucho más riesgoso que la misma infidelidad. Por primera vez todos estábamos enamorados, todos habíamos crecido y creo que fue en el peor momento, porque el verano del amor estaba a la vuelta de la esquina y la revolución hippie con mucha hierba y música psicodélica ya empezaban a apoderarse del mundo. Sin embargo, en esa granja con muchos arreglos por hacer, eso no había llegado y probablemente nunca lo haría y lo vería solo desde el cielo, como vio tantas veces antes, aviones pasar cargados de bombas con destino a nuestras ciudades o ya con las bombas descargadas al lado de nuestro de lugar de nacimiento. Ya la cama no estaba ahí, ni los sollozos, en cambio, el humo de cigarrillo era ahora mi única compañía, en esa pequeña sala con chimenea casi inservible y quizás muy usada. Las palabras que Mía me había dicho a la mañana siguiente, me mantenían callados y pensativo, con ella afuera de la misma forma. “Ahora déjame sola”, la escuche decir con voz pastosa, dando un portazo para jamás volver. Teníamos a nuestra hija muy lejos de ahí, así que nada nos unía pero al mismo tiempo sí. Ese amor que le había profesado tantas veces -con borracheras encima o completamente sobrio- y por última vez la noche anterior, provoco que me contara un secreto y lo que la tenía en su última confusión. Llevaba de nombre Thomas y de apellido California, me conto absolutamente todo lo que él le había dicho en Manchester y como no le parecía tan mala idea ya que nuestra relación no funcionaba. Yo quería que funcionara, ahora sí, ¿Por qué no lo entendía?, quería salir a donde estaba y decírselo, gritárselo, lamentárselo, de rodillas o de pie. Había jurado a los 15 años que Mía seria mía para siempre así que no podía dejarla ir, no así tan de repente, quitándome todo lo que me había ofrecido en Paris a comienzos de 1964 y dado a comienzos de 1965 en esa capilla.

Una brisa fresca de casi otoño, revolvían su cabello ya de nuevo oscuro y sus ojos perdidos en el horizonte, que venían de regreso a casa, de su mente, se posaron en mi. Me pare en la puerta, con ganas de alcanzarla o mejor huir y dejarla finalmente en paz, pero ella lo hizo más difícil, quedándose parada en medio pasto, sin zapatos y sin abrigo, ya no con su mirada perdida en un destino, si no con su mirada perdida en mí. Con sus ojos color esmeralda, preguntándome cosas, reclamándome cosas, diciéndome cosas en susurros o en voz alta. La escuchaba en silencio, ella con los brazos cruzados y los pies muy juntos y yo recostado en el marco de la puerta y mariposas en el estomago. Mi Bardot ya era una mujer, ya no era mi Bardot y yo ya no era el chico con ganas de tener una novia hermosa para mostrar como si fuera un auto, ahora era un hombre con ganas de amar a quien siempre había amado de verdad. Y trataba de decírselo, trataba de decirle tantas cosas; cosas que debía decirle desde hace tiempo pero que el mismo tiempo las había atrasado. Ella insistía con sus ojos esmeraldas que las dijera, todavía unos metros alejada de mí, por primera vez a punto de abrir la boca….

-Es tu decisión. Dijo tranquilamente, sin moverse
-¿Sobre qué?. Pregunte inocentemente e incomodo
-Sobre lo nuestro, es tu decisión porque tu lo comenzaste, ¿recuerdas?. En Liverpool, en la salida de la escuela, cerca de la tienda de discos y heladería, con las palabras: te verías muy bien rubia, tus ojos resaltarían más.  Tu lo comenzaste Paul y tú tienes la decisión de terminarlo, no yo o Thomas, ni siquiera Isabelle o la banda
-¿Qué va a pasar si lo termino?, ¿te volveré a ver?
-Siempre nos volveremos a ver, estamos conectados
-¿Y si lo comienzo de nuevo?
-Ya nada será igual…

Con una risa ahogada, le sigue la corriente, acercándome y extendiéndole la mano para ir a dar un paseo. Ella la rechazo pero acepto lo segundo. En el camino un nuevo silencio se apodero de lo nuestro, pero en un punto, en medio de la casa y cerca de la costa, se detuvo de un momento a otro, retrocediendo para alcanzarla otra vez.

-¿Todavía sabes bailar?. Pregunto con sorna, extendiéndome la mano que recién había rechazado
-Sí, supongo
-Bien, entonces supongo que te debo un baile. ¿Te acuerdas?

Y lo recordaba, fue una noche de  marzo de 1958. Ella estaba en la pista de baile, dando vueltas al ritmo de la melodía de cualquier canción que sonara y guiándose por cualquiera que la invitara a seguir la danza. Yo quería ser el próximo así como muchos otros. El rechazo era tan natural en ella hacia mí, que naturalmente escogió a todos antes de mí, excusándose de estar cansada al final de la noche, mientras Smoke Gets In Your Eyes de The Platters sonaba y yo deseaba bailarla con ella, lentamente, cerca de sus labios. 8 años después, ya no estaba cansada y era mi turno, incitándome a cantar la canción o lo que me sabia de ella, luego de acercarla a mí y ella rodeara mi cuello con sus brazos. Transportándonos a ese año cuando apenas teníamos 15/16 años y todo era fácil y sin presión alguna. Su mirada brillaba como esa noche y mi sonrisa de pobre chico enamorado no se había extinto aun. No sé si marco el comienzo donde ella dijo que nada sería igual o un fin de inocencia y amores a primera vista. Lo que si se es que casi tres minutos después, nos fundimos en profundo beso; el mismo que yo siempre desee darle y que nunca nos habíamos dado.

-Me miras como aquella vez cerca de la tienda de discos. Dijo entre pequeñas risas que me contagiaron e invitaron a reír
-Es porque te sigo amando de la misma manera y más fuerte que esa vez
-¿De veras?
-Aja, ¿no me crees?
-Siempre lo he creído, pero yo soy una rompe corazones sin sentido
-¿Me amas por fin?, ¿o aquella vez que me lo dijiste no era verdad?
-Si lo era, te amo Paul, desde esa tarde cerca de la tienda de discos
-No te creo, tú amabas a Stuart en ese tiempo, nunca a mí
-Lo de Stuart nunca fue serio, parecía pero en el fondo no lo era, en el fondo nunca nos amamos lo suficiente. Porque él buscaba algo más intenso e interesante y yo te amaba a ti a escondidas
-Eres una linda mentirosa
-No es mentira, por eso acepte casarme contigo
-¿Y ahora que va a pasar?
-Nos amaremos hasta el fin de los tiempos….juntos o no

De vuelta a casa, nos encerramos en nuestra habitación todo el día, amándonos mutuamente por primera vez en nuestras vidas. Ya ella no era Lucille, ni yo el Beatle que todo el mundo deseaba. Solo éramos dos personas jóvenes con ganas de querer. Éramos de nuevo los dos inexpertos en todo que se habian conocido una vez por casualidad, éramos la chica fotógrafa y rompe corazones y yo el chico que no se quitaba la guitarra de encima y era rebelde.

-Te amo. Le oí decir en un susurro, mientras me seguía despeinando
-Yo también, toda la vida
Al rato, nos acordamos que en el centro habría una fiesta, con mucho Whiskey y música.  Pensamos que sería buena idea aparecerse y disfrutar de nuestras vacaciones, hasta el momento un poco deprimentes. Nuestra presencia no era para nada esperada allí, pero nadie nos molesto ni interrumpió, aunque algunas chicas se acercaron a saludar y tomaban fotografías a los lejos. Mía solo se burlaba de mí, pero eso era lo que había conseguido por llevar una guitarra siempre encima y conseguir fama. La banda que tocaba en el escenario era bastante buena y cuando empezó a tocar canciones de Elvis y Chuck Berry, salimos a bailar de nuevo. Mía pensaba que debía pagarme todos los bailes que le había rechazado y no tuve queja, porque ella era la mejor bailarina de Rock and Roll que había conocido y teníamos mucho tiempo de no bailar esa música. Probablemente desde los 19 años o antes.

-¿Has tomado una decisión?. Pregunto en medio de una canción lenta y las luces a medio apagar
-Sí, no te dejare ir, no puedo
-¿Entonces….?
-Volveremos a comenzar todo de nuevo. Si quieres
-¿Tu quieres?
-Que pregunta tan tonta has hecho
-Quizás

Cuando las luces se volvieron a encender del todo, la vi quitarse el collar que yo le había dado el día de nuestra boda y que compartía con uno de Stuart, y guardarse este ultimo para dejar solo el mío. Guiñándome el ojo como le gustaba hacer para seducirme. Era fue la mayor señal de que me aceptaba por fin, que aceptaba estar conmigo y me amaba. Ya no más Stuart, ni despecho, ni nada parecido. Ahora éramos ella y yo, solo ella y yo. Finalmente mi sueño de la adolescencia, mi último sueño, se había cumplido y mi vida ya estaba completa.  El llanto, las perdidas y traiciones, ya no existían. Tendriamos mas hijos y una segunda casa en el campo, donde ir cuando estemos demasiado cansados y hartos de Londres. Donde ella podría escribir y yo componer sin interrupciones y donde Isabelle crecería alejada de cualquier cosa mala de la ciudad. Escocia, nos dio una nueva oportunidad, que jamás desaproveche, ni ella.

Mi dulce Mía, ya no se iría, ni se reiría de mi. Mi dulce Mía  estaría a mi lado para siempre, ya no habría penas, ya no tantas como las de antes. California esperaría pero conmigo, porque yo había llegado primero a su corazón y había tocado su puerta más de un millón de veces, notándolo hasta ese día. Mía, ya no me devuelvas el mío, que con el tuyo puedo sobrevivir lo suficiente y mas allá….


                                                         FIN




viernes, 29 de noviembre de 2013

Capitulo 89

Semanas después de la llegada de todos a su destino final. Victoria que ya había conocido finalmente a Ravi Shankar y tenido algunas conversaciones con él, recibió una carta de Ringo, escrita al poco tiempo de que ella partiera de Londres. Se habian llamado seguido desde entonces, pero la carta era distinta, le demostraba un estado de el distinto, así que la conversación con George apenas llegaron a Bombay, le vino a la cabeza otra vez, no queriendo darse por vencida e irse, aun con la carta entre las manos y leyendo una y otra vez lo que decía:

“Querida Vicky, ya son dos semanas que no estás aquí y te he extrañado mucho. Sin embargo, tu ausencia me ha puesto a pensar en miles de cosas y a recordar otras tantas más. En mi memoria todavía esta la tarde en que te conocí, en que te lleve al hospital cuando casi mueres y también el día en que dijiste que estabas embarazada de mí. Hemos pasado por muchas cosas juntos y quiero y necesito que nunca nos separemos. Espero con ansias el día que vuelvas, si no voy primero yo a la India a traerte conmigo”

Al leerla más de diez veces seguida, con solamente la luz de la lámpara alumbrando el papel y palabras. Algo también se ilumino dentro de ella, que prácticamente la hizo recapacitar. En pijama ya que planeaba dormirse pronto, salió de la habitación rumbo a la de George y Sarah, no encontrándolos en ella. Isabelle dormía en su casa plácidamente por el día tan agitado que había tenido caminando en todas partes para conocer, por lo que ella era la única despierta allí. De un momento a otro, tuvo ganas de irse, de irse con Ringo y desaprovechar sus clases de sitar. Sentía que él la necesitaba más de lo que expresaba y debía irse, no sin antes tener la responsabilidad de buscar a George y decírselo de la manera en que él le había dicho que se lo dijera.

Bajando las escaleras casi corriendo, Victoria tropezó con un empleado del hotel, que ya ella conocía y le daba la idea de preguntarle si había visto a sus amigos, no sin antes tomar un poco de aire por lo agitada que estaba.

-¿Se siente bien señorita?. Pregunto el hombre muy preocupado
-¿Ha visto a George Harrison y su esposa?
-Sí, están abajo, con otro amigo de ellos
-¿Otro amigo?
-Si

Extrañada pero pensando que se trataba de alguno que habian conocido allí, bajo más tranquila, buscándolo con la mirada hasta que lo cerca de la recepción con alguien muy conocido. Se trataba de Ringo, que traía una maleta con él. Sorprendida, pensó al principio que se trataba de una alucinación pero cuando él se volteo y la vio allí parada, dedicándole una sonrisa. Se fue a abrazarlo fuertemente, todavía pensando que se trataba de un sueño o algo parecido.

-¿Qué haces aquí?. Le pregunto emocionada
-Vine a acompañarte, te extrañaba mucho. ¿Recibiste mi carta?
-Sí, la acabo de leer. Me ha encantado
-Me alegro

Sin embargo, en vez de llevarla arriba, Ringo la llevo a la parte de afuera, donde un auto estaba parqueado y no era como los demas que pasaban por la zona. Confirmándole a ella que se trataba de un auto de Ringo y que algo planeado, porque una sonrisa maliciosa floreció en su boca cuando le abrió la puerta del acompañante y la invito a entrar con un movimiento de cabeza.

-¿A dónde vamos?, ¿sabes qué horas son?
-Nos vamos de aquí. ¿Quieres tener unas buenas vacaciones?
-¿Cómo?, realmente no entiendo nada Richard
-Escucha, alquile este auto para irnos a conocer Asia en el
-¿De verdad?
-Así es, así que sube y no te preocupes por tu equipaje, compraremos ropa nueva en el camino

Emocionada ya que le parecía una excelente idea, Victoria se despidió de Sarah y George y se fue en el auto con Ringo a prácticamente rumbos desconocidos. Solo tenían un mapa y la esperanza de vivir una gran aventura. Por fin solos, para siempre…

………………………………………………………………………….

Como quisieron desde su llegada a Almería, Finalmente John y Regina, consiguieron un mejor lugar en el que quedarse. Se trataba de una villa en donde estaba ubicada una gran casa, con una gran vista al océano. Se habian podido instalar rápidamente y siempre llegaban amigos de la película a cenar o jugar cartas. Al igual que ambos pudieron conseguirse un espacio para estar solos concentrados en su trabajo de pintar o componer. Las filmaciones de How I Won The War, también iba muy bien y con todas las comodidades al alcance, John logro adaptarse muy bien al lugar  y al trabajo, con su novia detrás apoyándolo y motivándolo a seguir.


Una tarde, después de su escena y tener permitido volver a casa. John agarro su Rolls-Royce – que se lo habian traído de Inglaterra hacia unos días- y después de preparar algo personalmente cerca de la playa, dio un paseo por toda la zona con el radio a todo volumen. La gente que nunca antes había visto algo como tal allí, se quedaba viendo el espectáculo que pasaba por la calle como si fuera un carnaval, con John dentro, a veces solos, a veces en compañía de algunos muchos. Después de todo, era prácticamente la primera celebridad que se pasaba por sus calles de esa forma y quizás fuera a ser la única. No obstante, Regina solo lo había acompañado una vez hasta ahora ya que no le gustaba llamar demasiado la atención y con lo que tenia listo no muy lejos de ahí, fue a la villa a tratar de convencerla de que fuera con él en el auto a dar un paseo. Regina, que se encontraba en la sala pintando con un gran ventanal de frente y estaba profundamente concentrada, con pintura regada en el piso, brazos y hasta cabello, escucho el motor del auto con fastidio y alegría al mismo tiempo, dirigiendo su mirada hacia la puerta donde la persona que estuvo esperando todo el día entro mas apresurada que antes.

-¿Qué te pasa?. Le pregunto contrariada, parándose del piso
-Vamos, te tengo una sorpresa. Respondió John agitado y jalándole el brazo
-¿Sorpresa?
-Así es
-Pero no puedo salir así, tengo que irme a cambiar John
-No importa, no hace falta, en serio. Dijo insistente, jalándola más que antes

Todavía contrariada, Regina le termino por hacer caso, siguiéndolo al auto, que arranco casi de inmediato. El lugar de la sorpresa permanecía siendo desconocido para ella y el trayecto John no dijo ni una palabra, mientras una extraña interferencia estropeaba la señal del radio y el calor se volvía insoportable, mas aun cuando llegaron a la costa y el misterio continuaba.

-¿John porque venimos aquí?. Pregunto Regina otra vez, igual de confundida que minutos antes
-Ya veras, sígueme

Agarrándose fuertemente de su mano, Regina se quito los zapatos para caminar cómodamente por la arena. Algunos metros adelante, se logro divisar no muy lejos, una manta color blanca extendida en la arena, con una guitarra y canasta encima. A ella no le agradaban mucho las sorpresas ni cursilerías de esa clase, pero esta fue la excepción porque muy contenta, se acerco a ello casi corriendo, donde un ramo de rosas blancas también la esperaban, con John detrás, esperando que le agradara absolutamente todo.

-Jamás pensé que sabias organizar estas cosas. Dijo la chica con una inmensa sonrisa, después de darle un beso en la mejilla
-Bueno tengo que confesar que recibí un poco de ayuda pero la idea si fue mía
-Es genial, me encanta

En la canasta, se encontraban algunas cosas para comer allí, incluyendo un par de porros que el mismo John había liado y que le hizo reír mucho a ella. Para él, esa era prácticamente la primera vez que preparaba una cosa como tal para una novia, pero es que estaba enamorado, se había enamorado de Regina y tenía que expresárselo en su totalidad antes de que fuera demasiado tarde.

-¿Regina te puedo hacer una pregunta?. Dijo después de un momento en silencio en el que se dedicaron a ver el mar
-Claro que sí. ¿Qué pasa?
-¿Tu de verdad me amas?
-Obvio, te amo muchísimo
¿Desde cuándo?
-Desde la primera vez que te vi y oficialmente cuando esa noche dijiste un chiste bastante malo sobre la segunda guerra mundial
-Si bueno, olvida eso. Pero yo también te amo y perdón por no demostrártelo antes como debería
-No te preocupes, eres una persona un poco fría y lo entiende. De todos modos yo soy igual

Seguro de que todo estaba realmente bien entre ambos, John termino de relajarse con el porro que mantuvo cerca todo el tiempo, invitando a Regina a que se encendiera el de ella. Para que unas horas más tarde, terminaran liándose algunos extra y se pusieran a perseguirse, mojándose con el agua y ensuciándose con la arena. Hasta el momento en que John logro atraparla y abrazándola le dijo algo que ella nunca olvidaría:

-Siempre estaremos juntos, siempre. Dijo en un susurro, dirigiéndose su boca a la de ella para darle un beso y después sentarse juntos con su guitarra, empezando a tocar una canción en la guitarra que a ella le encanto al instante. Su nombre era Strawberry Fields Forever y fue la canción que en ese momento por fin marco un comienzo en su relación y un nuevo comienzo en la banda…

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Completamente solos con Isabelle, durmiendo aun en la habitación de al lado, George y Sarah se acostaron en su cama, que estaba en media capital de la India y donde tratarían de proseguir con sus planes. Estaban felices de lo que había pasado con Victoria y Ringo, no solo esa noche, si no en todos los meses de relación que tenían, porque a pesar de todo, ya todos eran felices con las personas que de verdad quisieron toda su vida.

La ciudad a esas horas, estaba mas vacía que en el día, pero sus excentricidades y pobre realidad llena de espiritualidad y miles de Dioses, no desaparecieron ni esa madrugada ni ninguna otra. En la mañana, George se volvería a reunir con su maestro de sitar y Sarah con todo lo anterior, tenía miedo de perderlo, ya que últimamente él se estaba sumergiendo demasiado en ese nuevo mundo que había descubierto y cambiando mucho, quizás perdiendo interés en ella al mismo tiempo. Sin embargo, a su lado, el dormía plácidamente, esperando con ansias el amanecer, con ella a la par, esperando con temor el futuro de su vida y matrimonio. ¿Seguiría con el modelaje?, ¿su matrimonio terminaría funcionando o no?, ninguna de las dos preguntas tenia respuesta en ese momento; todo era muy confuso. El amor entre ambos era muy fuerte, dulce y verdadero desde antes de que ella supiera que existía y que el quería estar con ella, ahora con su sueño poniéndose inquieto y haciéndolo despertar de un momento a otro, como si algo le hubiese dicho que despertara o los pensamientos de Sarah lo hubiesen hecho. Al abrir totalmente los ojos y verla despierta con sus grandes ojos verde oscuro viendo el techo, se pregunto primero en sus adentros que le ocurría para después hacerle la pregunta en voz alta, asustándola un poco pero aliviándola también porque su voz le comprobaba que él seguía ahí y que aunque algo cambiara, el siempre estaría ahí, con ella, con todos.

-¿Por qué no estás durmiendo?
-No tengo sueño George. Respondió con voz pastosa sin quitarle los ojos de encima a la lámpara que estaba guindado del techo
-¿Te duele el brazo?. Pregunto insistente ya que  aun lo tenía lastimado
-No, para nada, no te preocupes

Sin embargo, George sabia que algo ocurría con su esposa y que no era algo muy bueno, por lo que encendiendo la lámpara de la mesa de noche, se acerco a ella, confirmando que estaba mintiendo.

-¿Ya no me tienes confianza?
-¿George tu nunca me cambiaras por todo esto verdad?
-Claro que no Sarah, eres lo más importante para mi
-¿De veras?. Dijo con los ojos llorosos tratando de que ninguna lágrima  saliera
-Escucha me gusta esta cultura y todo lo que ofrece, me encanta aprender a tocar el sitar, pero eres mi esposa y nunca te voy a dejar de lado por todo eso, nada podría reemplazar tu compañía que me reconforta tanto
-¿Lo prometes?
-Te lo prometo Sarah, además, a ti te va a gustar también un día. Estoy seguro
-Sí, puede ser…

Pronto el sol se asomo por la ventana y Sarah más tranquila se preparo junto a él -después de levantar a la niña-para bajar a desayunar. Queriendo acompañarlo a sus clases después de escribirle y mandarle unas postales a su hermana y John. A George le sorprendió mucho pero gustoso acepto que tanto ella como Isabelle fueran, alegrándose por la compañía que le harían.

En esas horas que George estuvo al lado de Ravi Shankar conversando y tocando ese instrumento tan fascinante, Sarah comprobó que George ya no era el mismo niño tímido de 13 años que alguna vez conoció en Liverpool. Había madurado, era un hombre, el sonido del sitar había transformado su alma, con ella allí adentro admirándolo y queriendo cada día más, mas allá de lo que pasara, mas allá de la muerte. De la muerte de ambos, y los siglos que venían. Porque la actual mirada de George que la observaba con tanta ternura en ese momento, la enamoraba un poquito, mientras algo nuevo rodeaba su romance que apenas comenzaba y que era probable que durara para siempre…

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Aferrada a su pecho, Mía lloraba todas sus penas con frustración, arrepentida de algunas cosas y alegre de algunas pocas que valían la pena. Paul la abrazaba en medio de la cama, consolándola en silencio con el corazón roto. Aquella vez en la iglesia no se habian prometido tantas penas y parecía que sí.

Desde el momento en que llegaron a Campbeltown, en el Aston Martin con Malu, Martha y unas pocas maletas, casi no se habian hablado, pero en el momento de desahogo final ya estaba dando lugar para dejar todo las viejas experiencias atrás. Sin embargo, entre el silencio de afuera y los sollozos de ella que inundaban la habitación, Paul finalmente aclaro sus sentimientos por completo. Se dio cuenta que nunca, ni tan solo un minuto, la había olvidado o superado, que el amor a primera vista seguía allí luchando por permanecer siempre en la mirada de ambos. Se dio cuenta que la necesitaba y siempre la necesito, porque era el amor de su vida y la chica que siempre quiso para él, entre todos los rechazos de antes y el abrazo de ahora. Sintiendo un impulso fuerte por decírselo, por decírselo y cambiar todo de una buena vez….


-Te amo Mía, siempre lo he hecho, quédate aquí conmigo, te hare muy feliz, tú me harás feliz, tendremos otro bebe porque de verdad te amo como tú me amas y todo lo que hizo no tiene sentido y nunca lo tendrá así que perdóname…..perdonemos. 

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Hola chicas, aqui vengo con el penultimo capitulo de la historia, dedicado a George por su aniversario luctuoso u.u. En este ya doy por terminadas las historias de John/Regina, Ringo/Victoria y George/Sarah. El proximo sera completamente dedicado a Paul y Mia para darles un buen final ya que son la primera pareja de mi primera historia de amor (tenia 15 cuando la empece a hacer XD) y significa mucho mi cerrar bien su historia. Espero que les haya gustado y si no haganmelo saber que no me voy a molestar. He durado un año entero con esta novela y he pasado por muchas cosas mientras la escribi, mejore mucho como escritora y conoci grandes personas. Ahora con esto cierro el ciclo de fanfictions que ya es algo que no tiene pegue aqui en Blogger y me voy a dedicar a mi nueva novela completamente ficticia y que pretengo publicar en amazon cuando la termine,  no la estoy publicando, solo se la estoy pasando a algunos amigos (si les interesa leerla mandeme su correo o facebook para hacerselas llegar) asi que es nuevo comienzo definitivamente. Yo se que esto ya practicamente nadie lo lee pero siempre me fue necesario poner esto asi que lo lea quien lo lea le deseo buenas noches y un buen fin de semana, ademas de darles las gracias por leer la novela y comentarla, ademas de llegar hasta aqui conmigo. Prometo publicar muy pronto el gran final ;)...

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Capitulo 88

La perdida, que arroja a la realidad a cualquiera, fue lo que despertó a todos en ese tiempo, al mismo instante. El aborto de Mía, no le trajo consecuencias de salud demasiado severas, el doctor recomendó que estuviera en cama unos días y prometió que pronto se recuperaría. Pero las consecuencias emocionales llegaron mucho antes de lo que ella esperaba, porque se sentía deprimida y decepcionada desde mucho antes de regresar a casa y Paul estaba igual, excepto que él prefirió demostrar lo contrario para no desanimarla más, a pesar de que el fondo podía estar peor que ella. Dejando salir su frustración una vez ella le pidió privacidad y lo saco de la habitación, yéndose a la sala.

Los recuerdos de la vez en que se enamoro de ella, del día en que la volvió a ver y conoció a Isabelle, del día de su casamiento. La memoria le pasaba cosas que por poco se borraban, al mismo tiempo en que le probaba que había cometido más errores en su matrimonio que cualquier otra cosa. Había creído que su amor por ella ya estaba extinguido, pero lo cierto era que en ya no estaba tan seguro de ello y que por primera vez en su vida estaba realmente confundido. Le había sido infiel, ella a él también, se trataban mas como amigos y a veces aun mas como enemigos, la mayoría del tiempo la indiferencia se adueñaba de los momentos a solas y como desde que se volvieron a ver, solo lo carnal logro perdurar en la relación. Así que haber perdido al bebé podía ser una señal y un castigo por no haber hecho las cosas bien. ¿Era hora de comenzar a hacerlas bien?, quizás y por primera vez en ese año y medio de matrimonio, se juro a sí mismo, entre ese silencio y soledad, que cambiaria y la ayudaría a superar el incidente; e igualmente aclararía sus sentimientos hacia ella…

-Paul, ¿estás bien?. Pregunto Sarah un poco lejos de el
Sarah que no se había ido de la casa todavía, se mantuvo con la niña en su habitación hasta que vio el momento de salir. Ya sabía lo que había ocurrido por una llamada que el mismo Paul le había hecho desde el hospital, sin embargo, el momento de hablar con alguno de los dos no había llegado hasta ese instante, cuando se dio cuenta que necesitaba consolar a Paul. Abrazándolo por unos minutos, sin que él le respondiera su pregunta inicial y ella tuviera que insistir en que le hablara.

-Todo estará bien Paul
-Eso espero Sarah
-Se que debe doler, pero es una lección para los dos
-Ya lo sé, pero está muy mal y no me gusta verla así
-¿Qué tienes pensado hacer?. Me iré mañana a la India
-La voy a sacar de aquí mientras estas con Isa allá, le tengo una sorpresa que le puede caer bien
-Eso es estupendo, entonces ve a decirle. Le gustara mucho, estoy segura
-Eso espero Sarah…de verdad

La sorpresa no solamente venia en unos papeles que tenia guardados cerca, si no que en algo real y grande que le esperaba no muy lejos de ahí. Era lo ideal para alegrarla, pero no se atrevía a irrumpir en la habitación todavía. Se seguía sintiendo demasiado mal, peor que ella quizás…

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Decidida a irse a la India con George, Victoria empaco lentamente por lo resentida que estaba con Ringo por no permitirle hacer cosas sola. Entendía que apenas se venían viendo y que el ya no quería viajar más, pero solo se iría por poco tiempo y ella en serio quería ir. Sin embargo, Ringo no le hablaba desde la llegada de George, se encontraba serio con ella y ni siquiera le dirigía la mirada, hiriéndola en el acto, aunque ya él lo estuviera. Esa noche, lo único encendido en la casa era la chimenea y la luz de la lámpara de la habitación principal. Ringo estaba en una y Victoria en la otra, pero esta no se resistió a pasarse y tapársela con su sombra para arreglar las cosas. Las cosas habian estado bien entre ellos, no hacía falta arruinarlas más…

-¿Podemos hablar?
-¿Qué quieres?
-No me voy hasta que estemos realmente bien
-Estamos bien Vicky
-No, estas celoso porque me voy con George a la India
-Pero no te vas sola con el así que me da igual
-No te da igual, no me mientas
-No quiero discutir Victoria y tú no puedes por tu estado
-Me da igual

Al darse cuenta que la chica estaba comenzando a irritarse demasiado y que parecía querer discutir y no hablar. Ringo se puso de pie para mirarla a los ojos de cerca y poder tranquilizarla. Si, en el fondo estaba muy celoso y no quería quedarse solo pero si a ella eso le hacía feliz y bien, no había problema, o eso quería pensar.

-Admito que estoy un poco celoso porque quería que te quedaras, pero no quiero ser egoísta
-Creo que yo si lo estoy siendo
-No, te quedaste todo el verano aquí, mereces salir

De un momento a otro, Ringo ya no se veía enojado, ni celoso. Se veía bien y feliz por ella; sin embargo, Victoria sentía que en el fondo las cosas eran distintas y que con los ojos le pedía que se quedara. Ignorándolo un poco ya que de verdad quería tener unas vacaciones.

Temprano en la mañana, la chica se vistió con la ropa más cómoda que tenia lista desde antes y termino de prepararse para el viaje. La esperaban en el aeropuerto en un par de horas, así que tenía que irse pronto. Ringo todavía dormía en la cama, pero cuando termino de desayunar, lo escucho bajar las escaleras, igual de listo y despierto que ella.

-¿A dónde vas?. Le pregunto la chica muy confundida mientras terminaba su cereal
-Te acompaño al aeropuerto, quiero despedirme de ti ahí

En el lugar la esperaban George, Sarah e Isabelle que como se había acordado pocos meses antes, ella los acompañaría. La niña se entusiasmo mucho cuando vio a Victoria y no se despego de ella desde entonces, mucho menos, entre la despedida de ella y Ringo que fue más difícil de lo que se suponía que debía ser.

-Cuando vuelvas quiero que ya sepas tocar el sitar. Dijo él un poco conmovido. Abrazándola con fuerza
-Bien, te lo prometo
-George, cuídala o si no me las vas a pagar. Le dijo al chico alzando el puño cerrado, con una media sonrisa
-No te preocupes, lo hare
La chica tímida, Mod, adicta a las metanfetaminas que se salvo gracias a él una vez, se le iba de nuevo, con el primero hombre con el que estuvo y el que la introdujo a él. Ya Victoria no era la misma, tampoco el. Todos estaban madurando, el mundo igual; era hora de algo diferente, de disfrutar pero también de sentar cabeza, por lo que la iría a extrañar mucho, pero ya seguro, juro al verla alejarse, proponerle algo una vez estuviera de vuelta…

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En España, John y Regina apenas iban llegando. Almería seria el lugar donde se quedarían, lo que durara las filmaciones de la película. John estaba nervioso pero al mismo tiempo muy ansioso, porque finalmente estaría haciendo algo totalmente separado de la banda. Ahora que ya no harían giras, todos debían buscar nuevos proyectos para hacer algo y la película definitivamente era un buen comienzo para él. Regina estaba feliz de estar fuera de Inglaterra, esperaba encontrar nuevas fuentes de inspiración para su proyecto del libro de Mía y creía que España seria de ayuda.  

Se había acordado, que se quedarían en un pequeño departamento. Este no era demasiado grande ni agradable, pero esperaban pronto conseguir un nuevo lugar. Al día siguiente John tendría que empezar a trabajar, pero den vez de acomodar sus cosas, comenzó a hablar sobre algo extraño cuando le descubrió una cosa a Regina que lo hizo reír.

-Vaya, parece que mi novia es bruja. Interesante
-¿Qué tienes ahí?. Pregunto Regina con el ceño fruncido, caminando hacia el
-Unas cartas. ¿Lees cartas?
-Sí, pero eso no me hace bruja John
-¿Por qué nunca me lo dijiste?
-Porque es algo privado
-Bien, entonces léelas para mí, ¿quieres?
-¿Para ti?, ¿estás loco?
-No, hazlo

En medio del desorden y por las insistencias de John no muy gratas. Hizo que él se sentara en el piso delante suyo, siguiendo los pasos que siempre seguía cuando hacia una cosa de esas. John últimamente se estaba preguntando muchas cosas sobre su futuro y le parecía una gran idea que Regina le dijera que podría pasar en cinco años o diez.

-Bueno, veo muchas cosas sabes. Dijo cuando extendió las cartas elegidas
-¿Muchas cosas?
-Si
-¿Cómo qué?
-Éxito, dinero, pero también dolor y separaciones
-¿Me mantendré en la música?
-No puedo decirte eso John, no soy adivina

Preocupado por lo último que ella le dijo, se levanto de un salto y miro por la ventana que tenía delante y miraba el mar que se imponía en frente de su departamento. Provocando que Regina dejara las cartas de lado y lo abrazara por detrás, como consolándolo.

-¿Sabías que si hago brujería?
-Con lo recién ya me di cuenta
-¿No te molesta?
-No, ya me esperaba algo así de ti
-No te preocupes John, todo estará bien. La banda estará bien
-Al menos estoy aquí sin ellos, ya estaba comenzando a pensar que éramos  siameses
-Se acerca algo bueno John, algo muy bueno

Regina se mantenía abrazada a el por detrás, al mismo tiempo en que le decía esas cosas, no solo para él, si no para ella misma. Porque también estaba teniendo inseguridades con respecto a su relación, el con respecto a su futuro y carrera y en general ambos sobre la vida.

-Y tú y yo nunca nos vamos a separar, ¿está bien?
-Está bien

Escuchar a John decirle eso, la motivo a ponerse delante de él y plantarle un beso en la boca, que John correspondió de inmediato. Tenían Almería y España en sus narices y estas los tenían a ellos en sus pies, porque ahí comenzarían algo nuevo y emocionante, con ya ningún secreto e inseguridades superadas…
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Horas más tarde, el avión aterrizo en Bombay, donde algunas personas de la prensa los esperaban para hacerles unas pocas preguntas. Lo que quería George era comenzar a aprender con alguien profesional el sitar y para eso se había llevado también a Victoria. Sarah había querido acompañarlos para pasar unas vacaciones con su sobrina en un lugar diferente y más tranquilo y por eso el hotel donde se hospedarían les daría eso, situándose este muy cerca del Taj Majal. En el transporte, ninguna podía quitarle los ojos de encima a la calle, donde pasaban niños descalzos pidiendo limosna o jugando y también viejos tratando de vender algo. La India era un país muy diferente a Inglaterra e incluso Isabelle lo noto en el camino y lo confirmo cuando llegaron a su destino y tuvieron que esperar un poco en la entrada del lugar, donde una niña se les acerco a pedirles algo.

-¿No tienes dinero?. Le pregunto Sarah a George en un susurro
-Sí, espera un poco. Contesto registrando su bolso de mano donde traía su billetera
-¿Cómo te llamas?. Le pregunto Isabelle  que sin entender ingles solo la miro con ojos tristes y confundidos
-Yo me llamo Isabelle, ¿Por qué no tienes zapatos?
-Isa la niña habla otro idioma, no entiende lo que dices. Dijo Victoria muy apenada, apartándola un poco de él ya que estaban un poco cerca el uno del otro
-¿Vicky porque no tiene zapatos?
-Porque es pobre cariño
-¿Le puedo dar los míos?, yo traje tres pares
-Oh no lo se

El polvo que se levantaba de la calle  y la gente que pasaba por su lado, ignoraron lo que ella estaba a punto de hacer, excepto la niña que aun mas confundida, la observo quitarse los zapatos que traía y dárselos. Provocando que Sarah se pusiera a reír y Victoria se enternecería al igual que George. Esa fue la primera vez que Isabelle estuvo en contacto con una cultura diferente a la de ella y con alguien de otro status social. Por eso le había parecido extraño que esa niña de casi su misma edad, estuviera sin zapatos y se los diera, haciendo que ella los recibiera muy feliz y le agradeciera con una sonrisa, hasta que George le extendió unas monedas y se perdió de vista.

-Eres muy buena Isa, tus padres van a estar muy orgullosos cuando les cuente. Dijo Victoria dándole un beso en la mejilla
-Yo solo quería ayudar. Contesto encogiéndose de hombros, provocando que Sarah volviera a reír

Adentro, George le dio la llave de su habitación a Victoria que compartiría con Isabelle. Sin embargo, ya en el piso que les tocaba, la detuvo para decirle algo en privado y que la haría pensar mucho esa tarde y noche.

-No quiero obligarte a que estés aquí
-No me obligas George
-Escucha, si quieres irte a Londres con Ringo, hazlo, ¿sí?
-Está bien
-Solo tocas mi puerta y me lo dices
-Bien

Sarah que se preguntaba en su puerta que estarían conversando, no tardo en sacárselo a George una vez este entro y estuviera por fin solos. De nuevo le daba un poco de celos verlo a él y Victoria tan cerca y creía que tenía el derecho de saber lo que hablaban, aunque fuera insignificante.

-¿Qué le dijiste?
-Que si extrañaba a Ringo me lo dijera
-¿Lo extraña?
-No ahora, pero si mañana. Ya veras
-Yo no sé que haría contigo tan lejos, por eso vine
-Y te lo agradezco mucho Sarah
-Mañana iremos a dar un paseo, solos, ¿sí?
-Bien
-Y me tienes que presentar a ese Ravi Shankar que me contaste, parece ser un hombre interesante
-Lo sé, te va a caer bien, ya veras

Desde que se había escuchado un sitar en una canción de la banda, todos trataron por meses de que George y ese hombre se conocieran y lo habian hecho unos meses antes, pero finalmente estarían unos días y quizás semanas juntos. Siendo este el comienzo de la vida más espiritual de George, que Sarah apoyaba, rompiendo algunas reglas, porque no se sentía cansada y lo convenció de dejar el paseo para ese mismo instante, llevándolo casi a rastras a la calle, donde se mezclaron con la gente, agarrados de la mano y hablando en voz alta, como si fueran ya parte de ese nuevo mundo para ellos.

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Dispuesto a irrumpir después de horas en la habitación, Paul que traía un sobre con él, abrió la puerta sigilosamente. Encontrándose con Mía sentada de piernas cruzadas en la cama, con el cabello revuelto y nada de maquillaje. Para Paul se veía hermosa con o sin la mirada triste y sin arreglar y por eso le dio un beso en la mejilla que no la distrajo mucho. En su mente se encontraba pensando en todo lo que había pasado en su vida esos dos años y media que tenía otra vez en Gran Bretaña, se encontraba pensando en Thomas y la recién llamada que este le había hecho al enterarse del aborto y donde le insistió sobre su decisión de irse con él a California y también pensaba en su matrimonio con Paul y en lo mal que él podía estar. Sin embargo, este ya cansado de su silencio y de la penumbra del cuarto, cambio de posición y se sentó en frente suyo, poniéndole en las manos el sobre que traía, donde su sorpresa por fin seria revelada.

-Ábrelo. Dijo  en voz baja, muy ansioso
-¿Qué es?. Pregunto ella contrariada sin mirarlo
-Es una sorpresa, ábrelo

Lentamente, Mía saco un papel que ya venía en el sobre abierto y leyendo con cuidado se quedo sorprendida por lo que decía y esto le informaba. Volviendo a ver a Paul que ahora tenía una gran sonrisa marcada en sus labios.

-Escocia. ¿Compraste una granja en Escocia?
-Así es. Respondió muy feliz
-¿Por qué?
-Me recomendaron que comprara algo así por el asunto de los impuestos. A la propiedad le faltan muchos arreglos, pero el terreno es inmenso, podríamos tener una granja ahí y estoy seguro que a los perros e Isa le encantara. Aunque tengo algo nuevo que proponerte
-Estás loco Paul, ¿hace cuanto la compraste?
-¿Quieres venir ahora mismo conmigo a ese lugar?, creo que es perfecto para que ambos nos recuperemos de lo que ha pasado


Olvidando su propia pregunta, Mía se concentro en lo que Paul le proponía, diciendo que estaba bien ya que a ella ahora tenía mucha intriga sobre ese nuevo lugar que Paul habia comprado a escondidas suyas y porque pensaba que un lugar así, quizás si la hicieran superar el incidente del bebe. A pesar de que al final, este lugar también, los llegara a poder unir más que antes o separar y les marcara un nuevo final y comienzo…. 

lunes, 18 de noviembre de 2013

Capitulo 87

“Nos vamos a España”. Dijo John casi en un grito, informándole a Regina las nuevas buenas del nuevo proyecto que se aproximaba para él. Richard Lester le acababa de confirmar su participación en su nueva película. Saldría solo, sin la banda y eso le gustaba, por lo que había aceptado el papel entre la gira y a pesar de que no tenía mucho de haber vuelto de esta con los chicos y de que casi no había descansado lo suficiente, le entusiasmaba la idea de irse a España con su novia, donde ambos podían hacer sus trabajos en otro ambiente, fuera de la ciudad. Sin embargo, había algo nuevo que John le tenía que contar a la chica y que sucedería más pronto que la película, asustándola un poco cuando se lo dijo y ya estaba dispuesto a contárselo.

-¿Qué sucede?, ¿ no puedo acompañarte?. Pregunto desesperada
-Si si puedes, pero me tienen que cortar el cabello
-¿Cortar el cabello?
-Así es
-No te imagino con el cabello más corto
-Yo tampoco, además de que tengo que usar mis gafas de abuela
-¿Y qué vas a hacer?
-Pues tuve que aceptar

Todavía más sorprendida por lo que le decía John, Regina pensó que no se podía perder ese cambio de aspecto que le haría, acompañándolo al día siguiente, al lugar acordado donde estaría Richard Lester, Brian y un estilista. John no era que estaba muy de acuerdo en ponerse las gafas, pero su personaje las usaba y tenía que seguir a su personaje. Desde la adolescencia se había negado a usarlas y ahora finalmente las usaría para una película. Era irónico y gracioso a la vez, tanto que Regina comenzó a reírse, mientras lo preparaban para empezar con el corte.

-¿De qué te ríes tu?. Le pregunto John con ceño fruncido ya que pensaba que se estaba burlando de el
-De nada, es que todo esto es muy irónico y extraño
-Ya lo se
-¿Dónde será la película?
-En Almería. Respondió Richard, sin quitarle los ojos al cabello de John
-Interesante, será un viaje muy interesante
-Lo será y estoy seguro de que John hará un buen trabajo

Al terminar, John se quedo mirándose en el espejo por un rato, con todos detrás en silencio, acostumbrándose a lo que veían. No estaba igual y cuando Richard le paso las nuevas gafas, parecía otra persona. Una muy diferente a la que Regina había conocido y los demas también. No obstante, a todos les gusto el cambio, sobre todo a la chica que con una sonrisa le confirmo que no lucia tan mal.

-¿De verdad?. Pregunto para  asegurarse y que ella se lo dijera con palabras
-De verdad John, te ves muy bien
-¿Entonces si nos podremos ir a España?
-Por supuesto, ya estoy emocionada….

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Desde Manchester que los dolores abdominales de Mía no cedían y tampoco la confusión que tenía en su cabeza por la preposición de Thomas. Estaba definitivamente pasando por malos momentos y a Paul le dio pena encontrarla así, cuando regreso a casa. Preocupándose cada vez más y ofreciéndole llamar a un doctor, recibiendo solo negativas de ella que decía que todo estaba bien y le dedicaba una sonrisa forzada para demostrarlo.

Esa tarde en especial, prefirió ignorarla, ya que Sarah llego de visita y se había encerrado con ella en la cocina. Al menos parecía sentirse mejor y no tuvo que preocuparse tanto como antes. Sin embargo, los dolores no tardaron en volver otra vez, ahora con más fuerza, yendo de urgencia al baño seguida de Sarah, donde no se encontró algo muy agradable.

-Tengo sangre en mis bragas. Dijo en un hilillo de voz que alarmo a su hermana
-¿Cómo?, ¿Cómo que sangre?
-Sí. Contesto entre un grito. – Mucha sangre y no sé que es
-Déjame ver a mí, ¿sí?

Confirmando lo que Mía le seguía diciendo muy asustada y todavía con dolores abdominales, Sarah tratando de parecer calmada, se fue a buscar a Paul que estaba en el cuarto de música con Isabelle tocando el piano.

-Paul algo malo pasa con Mía. Dijo entre balbuceos apenas entro
-¿Algo malo?, ¿Qué sucede?. Pregunto sobresaltado, acercándose a la puerta donde ella estaba
-No sé, tiene sangre en las bragas y mucho dolor. Creo que hay que llevarla al hospital
Al darse cuenta que Sarah no exageraba, Paul se inclino hacia Mía, que estaba sentada en el piso llorando. Ni ella tenía idea de lo que le podía estar pasando y definitivamente había que llevarla al hospital urgentemente, ya que seguía sangrando.

-Mía, iremos a emergencias ahora mismo, todo estará bien cariño. Deja de llorar. Le dijo Paul más preocupado que antes, mientras la ayudaba a levantarse del piso
-Voy a morir, ¿cierto?
-No digas tonterías, no vas a morir. Todo estará bien, te lo prometo

El hospital no quedaba tan lejos y en auto a máxima velocidad estarían allí en cuestión de minutos. Sarah se ofreció a quedarse con Isabelle que aun seguía sin darse cuenta de lo que pasaba. Ella tenía una ligera sospecha de lo que podía estar pasándole a Mía, pero prefirió esperar. Ayudando a Paul a subirla al auto, que arranco y salió del garaje de inmediato. En el camino, Mía se seguía quejando por el dolor, pero esta vez en silencio, con todo a su alrededor como en cámara lenta, hasta que llegaron a su destino y en las puertas de emergencia, ahora todo se movía más rápido. Asustándose todavía más.

-Hey escúchame, iras con las enfermeras, yo me queda esperándote. Le dijo Paul en el oído, después de que una enfermera la sentara en una silla de ruedas
-¿Me lo prometes?
-Te lo prometo Mía

La mujer que si sabía muy lo que ocurría al ver casos similares antes, miro a Paul con lastima antes de llevarse a Mía. Dejándolo en espera un largo, largo rato, que lo haría pensar muchísimas cosas…

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Entusiasmado con el nuevo viaje que haría a la India en octubre. George llego a casa de Sarah para preguntarle algo. El interés de la chica por la cultura de ese país, era tan grande como el suyo y pensaba que tanto él como ella, se merecía clases de sitar con un profesor de verdad. Sin pensar entonces, en las consecuencias que podría traer con eso, mucho menos cuando ella lo dejo pasar y lo dirigió al jardín para que conversaran.

-Ringo me conto que ya no seguirán con las giras. Comento Victoria para hacer conversación una vez estuvieron cómodos
-Sí, ¿no te parece genial?. Al fin libres de todo eso
-¿No lo extrañaras?
-No, es tiempo de hacer otras cosas
-Sí, creo lo mismo

Incomodo por estar solo con ella y por no saber cómo hacerle la pregunta, George le pregunto su tenia agua que le regalara, ganando tiempo cuando ella se fue y volvió con un vaso lleno. Ringo dormía arriba, pero podía despertar pronto y no quería hacérsela delante de él.

-Parece que tienes algo que decir. Dijo ella, interrumpiendo el momento de silencio que se había formado
-Vicky yo tengo algo que preguntarte
-Bien adelante

Buscando las palabras adecuadas para decírselo, Victoria se desespero un poco ya que no le gustaba esperar, mucho menos al ver a Ringo acercarse a ambos y tener ahora que apresurar a George.

-Vamos, dime que pasa
-Ringo, ya despertaste. Dijo George nervioso, viendo a su amigo parado justo a su lado
-Sí, ya desperté. ¿Qué ocurre?
-No lo sé, George anda muy misterioso hoy. Contesto Vicky entre risas, incomodándolo más que antes
-Lo que pasa es que le quería preguntar a Vicky si quería venir a la India conmigo y Sarah. Isabelle también vendrá y si tu quieres puedes venir también Ringo
-¿La india?. Pregunto emocionada, agarrándose de la silla
-Yo no tengo ganas de volver ahí. Respondió Ringo contrariado por la reacción de la chica
-¿Tú tienes ganas Vicky?
-Por supuesto, desde hace mucho quiero ir
-Genial, entonces parece que tenemos otro pasajero a bordo. Dijo George satisfecho, dedicándole una sonrisa

Ringo que se resintió al ver como a Victoria no le preocupaba que él se quedara en casa. Les dio la espalda y se adentro, dejándolos un poco confundidos y preocupados por su reacción.

-¿Por qué se habrá molestado?
-Porque yo iré y no me voy a quedar solo por él. Contesto ella, encogiéndose de hombros
-Si eso va a ser problema, entonces te deberías de quedar
-No George, yo quiero ir. Tengo muchas ganas de ir

Era la primera vez que George escuchaba decir a una chica algo así y den vez de sorprenderse, confirmo que Victoria era diferente y que no había cambiado. A pesar de que su amistad con ella, le podía traer problemas con Ringo…

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Impaciente y con un mal presentimiento, Paul no le quito los ojos de encima a su reloj, sentando en una incómoda y dura silla de la sala de espera. Desde hacia una hora y media que se habian llevado a Mía y nadie había salido aun a decirle que ocurría. Tenía ganas de preguntarle a las enfermeras que estaban cerca, e incluso escabullirse y adentrarse en el edificio, pero no quería problemas o un escándalo. Sin embargo, su espera no duro demasiado, porque cinco minutos después, vio salir a un Doctor, que parecía caminar hacia él  y que no traía muy buena cara.

-Buenas tardes Señor McCartney. Saludo el hombre con un semblante serio
-Buenas tardes. Dijo Paul nervioso, a punto de preguntarle que ocurría
-¿Cómo esta?, ¿Qué tiene?
-La señorita ha sufrido un aborto espontaneo. ¿Sabían que esperaban un bebe?

La pregunta, y la noticia en general, provocaron que Paul palideciera y tuviera que sentarse. La verdad era que al menos el no sabía nada de eso ni sospechaba. Teniendo que negar con la cabeza después de un momento, que le dio permiso al Doctor de seguir hablando.

-Pues estaba embarazada, tenía 14 semanas
-¿Cómo esta?. Pregunto ignorando ese hecho
-Está estable pero descansando, así que no he podido hablar mucho con ella
-¿Puedo entrar a verla?
-Si, por supuesto


Respirando profundo, Paul siguió al doctor hacia la habitación donde Mía se encontraba acostada, durmiendo. Agarrándole la mano  después de entrar y sentarse a la par de la cama. Iba a ser padre por segunda vez y de un momento a otro ya no. Era deprimente, tanto que por un momento por fin reconoció que su matrimonio iba mal, había comenzado mal y si seguía así, podía terminar mal, ya que lo que había acabado de ocurrir, era probable que fuera una señal…